PERSONERIA JURIDICA EN TRAMITE: 7965053

Santiago del Estero 1927 - Dto. 1 Of.3 - C.A.B.A.

 

 
 

Ucrania, la estrategia y la logística



 



Omar Bradley, el √ļltimo general de cinco estrellas del ej√©rcito estadounidense, sol√≠a decir que, al discutir sobre la guerra, los aficionados hablan de estrategia y los profesionales hablan de log√≠stica. Y ten√≠a raz√≥n: la sostenibilidad de las guerras depende en gran medida de complejas cadenas de suministro que exigen una econom√≠a nacional s√≥lida y operativa. Y, pese a lo que algunos piensen, la log√≠stica rusa no est√° ni mucho menos garantizada.


La volatilidad que caracteriza a las guerras hace que se pase con rapidez del optimismo al pesimismo, y viceversa. Tras la invasi√≥n de Ucrania, la r√°pida y firme reacci√≥n conjunta occidental, con la imposici√≥n de importantes sanciones comerciales y financieras, dio lugar a un innegable optimismo (espoleado por la valerosa reacci√≥n del pueblo ucraniano y de su presidente). Con el tiempo, sin embargo, parece que se ha impuesto el pesimismo: se dice que las sanciones no han da√Īado a la econom√≠a rusa, que el rublo est√° muy fuerte, que se sigue financiando masivamente a Rusia a trav√©s de la energ√≠a y que la debilidad de la econom√≠a europea llevar√° a una crisis interna y a la b√ļsqueda de soluciones de compromiso.

Sin embargo, esto es un error. Ni estaba justificado el desaforado optimismo inicial, ni el pesimismo actual tiene suficiente base empírica. Es evidente que la guerra se está alargando y que está produciendo un fuerte desgaste en el ejército y el ánimo de Ucrania, y también que la inflación en Europa está tensando sus costuras internas; pero no es menos cierto que Rusia está sufriendo y que todo es cuestión de resistencia relativa. Y la resistencia depende de la logística.

De hecho, las sanciones est√°n da√Īando considerablemente a la econom√≠a rusa, que no deja de ser, desde el punto de vista de su estructura productiva, un pa√≠s en desarrollo: productor y exportador de materias primas y energ√≠a e importador de bienes de equipo y tecnolog√≠a. Otra cosa es la situaci√≥n financiera de Rusia, que es indudablemente buena: se le ha permitido seguir exportando gas y petr√≥leo con relativa normalidad e ingresar cuantiosas cantidades de divisas. Pero eso no basta: la mejora del saldo por cuenta corriente (110.000 millones de d√≥lares en enero-mayo de 2022, tres veces m√°s que en el mismo per√≠odo de 2021) es tambi√©n el resultado de una fuerte reducci√≥n de las importaciones, de cerca de un 50% con respecto a antes de la guerra. Quitando Turqu√≠a, que increment√≥ un 18% sus exportaciones a Rusia, las estad√≠sticas muestran ca√≠das cercanas al 60% en las exportaciones a Rusia de China, Taiw√°n, Corea, Jap√≥n, Vietnam, Malasia o Tailandia y del 30% en las de India.

El rublo tampoco est√° tan s√≥lido como se dice, y no porque se est√© hundiendo, sino porque su negociaci√≥n diaria (en el mercado spot y de swaps) es √≠nfima: ha pasado de m√°s de 20.000 millones de d√≥lares en enero a menos de 4.000 millones a partir de abril. El tipo de cambio, por tanto, dista mucho de ser representativo de nada: ni de debilidad, ni de solidez. Y la jugada de exigir el pago del gas en rublos tiene mucho m√°s que ver con las se√Īales pol√≠ticas que con los movimientos del mercado.

Donde Rusia est√° sufriendo m√°s es desde el punto de vista tecnol√≥gico: la participaci√≥n del valor a√Īadido extranjero en la producci√≥n rusa supera el 50% en las industrias farmac√©utica, automovil√≠stica, textil, de equipos el√©ctricos y electr√≥nicos y de inform√°tica, y est√° entre el 30% y el 50% en las industrias metal√ļrgica, qu√≠mica y papelera. El 80% de los aviones rusos son extranjeros y carecen de piezas de repuesto, y por eso la RNRC ‚Äďla mayor compa√Ī√≠a rusa de reaseguros‚Äď no cubre los accidentes derivados de deficiencias de mantenimiento o reparaci√≥n de aeronaves. La realidad es que la mayor√≠a de las empresas e industrias rusas dependen de componentes y tecnolog√≠as importados, en su mayor√≠a de la Uni√≥n Europea, Estados Unidos y Canad√°, gran parte de las cuales no son f√°cilmente sustituibles.

Poco a poco, el abandono tecnológico de Rusia empieza a pasar factura: la operaciones petrolíferas complejas y la perforación en aguas profundas implican el uso de un software que ahora está bloqueado; las supercomputadoras de empresas como Sberbank, Yandex o MTS dependen de software de la empresa Nvidia, que ya no vende ni extiende licencias para su software; el Banco Central de Rusia no puede poner en circulación con facilidad nuevos billetes, ya que el 60% de los cajeros automáticos son importados; la francesa Thales ya no proporciona el servicio de seguridad en los pagos y verificación de códigos PIN en tarjetas de crédito de más de 20 bancos rusos; el principal fabricante de chips de Rusia, Mikron, está sufriendo para emitir las tarjetas bancarias Mir, ya que no puede hacer frente a la creciente demanda ni a los semiconductores que le proporcionaba la empresa taiwanesa TSMC.

La experiencia del Brexit nos demuestra que, despu√©s de d√©cadas de integraci√≥n comercial y productiva con una regi√≥n (en este caso, Europa o Norteam√©rica), uno no puede intentar sustituir todas sus compras y su tecnolog√≠a de la noche a la ma√Īana. Si ni siquiera productos b√°sicos como el petr√≥leo tienen siempre la misma calidad ni sirven para cualquier industria, con mayor motivo los semiconductores de distintos fabricantes est√°n lejos de ser sustituibles ni cubren cualquier necesidad tecnol√≥gica. Es cierto que China intenta ayudar a Rusia compr√°ndole petr√≥leo o alimentos, y es muy probable tambi√©n que est√© ayudando a desviar el comercio de algunas materias primas ‚Äďpor ejemplo, ha empezado de pronto a exportar paladio de forma masiva, un mineral inexistente all√≠ pero abundante en Rusia y crucial para la industria del autom√≥vil‚Äď. Pero, en el √°mbito tecnol√≥gico, China no puede hacer gran cosa, ni aunque quisiera: por ejemplo, no puede ser un suministrador alternativo de semiconductores, tanto por sus propios problemas (EEUU bloquea su acceso a piezas y m√°quinas-herramienta clave para producirlos) como porque sus caracter√≠sticas no son lo suficientemente sofisticadas para las necesidades tecnol√≥gicas rusas.

As√≠ pues, Rusia est√° importando mucho dinero del resto del mundo, pero muy poca tecnolog√≠a. Y eso, tarde o temprano, terminar√° provocando un aut√©ntico caos econ√≥mico: aviones y tanques que no funcionan, sistemas el√©ctricos que se estropean, misiles que no se pueden redirigir. Su vulnerabilidad tecnol√≥gica terminar√° pas√°ndole factura. ¬ŅCu√°ndo? No lo sabemos, y ese es el gran problema. Pero por eso resulta crucial reforzar las sanciones comerciales y evitar su elusi√≥n, para que esa factura se cobre antes de que la econom√≠a europea se hunda. Y, mientras tanto, preocuparse de la log√≠stica europea, con un plan de ahorro energ√©tico inmediato.

Lenin dec√≠a que hay a√Īos en los que no pasa nada, y semanas en las que pasan a√Īos. En el terreno de la estabilidad econ√≥mica y financiera ocurre igual: todo suele ir muy despacio hasta que, de repente, va muy deprisa. Las propias expectativas de desaceleraci√≥n est√°n haciendo caer el precio del petr√≥leo y de muchos alimentos y materias primas; Gazprom ha dejado de pagar dividendo por primera vez desde 1991 y ha ca√≠do un 20% en Bolsa. Todo es muy vol√°til y no sabemos cu√°nto aguantar√° Rusia, pero, antes de abandonar a Ucrania y empezar a exigirle que sea ‚Äúpr√°ctica‚ÄĚ, Europa deber√≠a recordar que muchas guerras son, fundamentalmente, guerras de resistencia log√≠stica.

 

 


Autor: Rodolfo Cerminara
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