PERSONERIA JURIDICA EN TRAMITE: 7965053

Santiago del Estero 1927 - Dto. 1 Of.3 - C.A.B.A.

 

 
 

NUEVO MAPA DE LA ARGENTINA



 



Y la Argentina creció, a pesar de…
1 enero 2019



Los nuevos territorios abisales otorgados a la Argentina por CONVEMAR, agencia de límites submarinos de las Naciones Unidas


Esta nota la publicamos, apropiadamente, el 25 de mayo del a√Īo pasado (Fue la primera parte de una trilog√≠a). Queremos volverla a poner en la portada, y subirla a las redes sociales, porque nos parece una se√Īal adecuada para comenzar el a√Īo.

En 2016 una resolución de las Naciones Unidas aprobó por
unanimidad un pedido de nuestro país sobre el límite exterior de
la plataforma continental. Aumenta en 1.700.000 kilómetros cuadrados, un 35%, nuestra jurisdicción marina, que incluye las islas del Atlántico Sur y la Antártida. Es un importante logro jurídico para la soberanía argentina sobre sus recursos naturales en el Atlántico Sur.

Antes de ese fallo, la plataforma continental se consideraba que llegaba hasta los 200 metros de profundidad. Ahora ya no existe ese límite; los fondos abisales también son argentinos… si los exploramos y explotamos. Si no, lo harán otros.

La presentaci√≥n ante la ONU se hizo en 2009, basada en trabajos que hab√≠an comenzado antes. Como se dijo cuando se logr√≥ el reconocimiento: ¬ęHa sido una creaci√≥n de soberan√≠a nacional ganada en silencio y en paz, trabajando todos los argentinos en equipo a lo largo de los a√Īos y de varios gobiernos con un objetivo com√ļn¬Ľ.

Y como nos recuerda la nota, esa creación de soberanía recién empieza. Los gobiernos pasan, pero la Argentina permanece, si sabemos cuidarla y acrecentarla.

LOS NUEVOS TERRITORIOS ARGENTINOS ‚Äď 1¬į parte


El ARA Puerto Deseado, uno de los barcos que nos consiguió 1 millón 700 mil km2. de territorio argentino
La Argentina, como se recuerda en documentos de nuestra Cancillería, fue uno de los primeros países que destacó el alcance de sus derechos de soberanía sobre la plataforma continental, en su condición de Estado con costas oceánicas. En 1916 el almirante Segundo Storni desarrolló una doctrina que reivindicaba los derechos sobre la plataforma continental y todos los recursos que en ella existían.
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En 1944 la Argentina declar√≥ zona de reserva minera a la plataforma continental. Despu√©s, en 1946, lo hicieron los EEUU. El asunto estaba en el aire: el 28 de septiembre de 1945 (al toque de concluida la Segunda Guerra Mundial) el presidente Harry Truman hab√≠a reclamado para su pa√≠s los ‚Äúrecursos naturales del subsuelo y del lecho mar√≠timo de la Plataforma Continental bajo el alta mar‚ÄĚ. En sinton√≠a, el gobierno argentino dict√≥ el Decreto N¬į 14.708/46, poni√©ndole marco legal a su reclamo de 1944.

Esta norma legal reivindicó la soberanía argentina sobre el mar epicontinental y el zócalo continental. El decreto sostuvo como fundamento que se trata de una norma consuetudinaria, e hizo referencia al concepto de prolongación natural del territorio.
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En 1966, la Ley N¬į 17.0945 -en coincidencia con la Convenci√≥n de Ginebra sobre la Plataforma Continental de 1958- reafirm√≥ la soberan√≠a argentina ‚Äúsobre el lecho y el subsuelo de las zonas submarinas adyacentes a su territorio hasta una profundidad de doscientos metros o m√°s all√° de este l√≠mite, hasta donde la profundidad de las aguas suprayacentes permitiera la explotaci√≥n de los recursos naturales de dichas zonas‚ÄĚ. La letra es deliberadamente vaga, porque lo que fija la posibilidad de explotaci√≥n (y con ello, la soberan√≠a) no es un dato geol√≥gico relativamente fijo (la profundidad) sino otro en r√°pida evoluci√≥n: la capacidad tecnol√≥gica de perforar por petr√≥leo o extraer minerales de los fondos y en la columna de agua.

Hasta ah√≠, la afirmaci√≥n de nuestros derechos. Un paso necesario. Pero faltaba hacerlos reconocer por el resto del mundo, m√°xime con EEUU, Canad√°, Australia y otros pa√≠ses con grandes plataformas expandiendo sus soberan√≠as mar√≠timas fuera de ellas y de modo casi unilateral. Esa ha sido una tarea del Estado que llev√≥ casi veinte a√Īos, bajo distintos gobiernos.

La Rep√ļblica Argentina present√≥ el 21 de abril de 2009 ante las Naciones Unidas la documentaci√≥n -que se hab√≠a estado elaborando desde 1997- con la cual reclamaba un territorio de m√°s de 1.500.000 de kil√≥metros cuadrados, al extender los l√≠mites de su plataforma continental desde las 200 hasta las 350 millas desde la costa.

El 28 de marzo de 2016 nuestra cancillería presentó el nuevo límite exterior de la Plataforma Continental Argentina, que, con el reconocimiento de las Naciones Unidas, incorpora 1.700.000 kilómetros cuadrados, 200.000 km2 más de nuestro reclamo original, y el equivalente a un 35 % de la superficie seca actual. O un 48% más de áreas bajo soberanía (que será contestada, a no hacerse ilusiones).

Seg√ļn inform√≥ la entonces ministro Malcorra ‚ÄúLa Comisi√≥n del L√≠mite Exterior de la Plataforma Continental, √≥rgano cient√≠fico integrado por 21 expertos internacionales de reconocido prestigio y creado por la Convenci√≥n de la ONU sobre Derecho del Mar, adopt√≥ por consenso, es decir sin votos en contra, las recomendaciones sobre la presentaci√≥n argentina‚ÄĚ.

Y, vale la pena marcarlo, el vicecanciller Carlos Foradori record√≥ que ese logro ‚Äúes algo que ha venido gest√°ndose a lo largo de muchos a√Īos, no es un trabajo de un gobierno, sino una pol√≠tica de Estado‚ÄĚ.

La historia de este esfuerzo, en el que trabajaron diplomáticos, juristas, geógrafos, científicos y marinos con muy distinto palo político, o de ninguno en especial, merece ser contada. Es una epopeya argentina que terminó en un triunfo, del que tal vez hoy no podemos apreciar del todo su significado. Le pedimos a Daniel Arias que la cuente. Y, también, algunas sugerencias sobre lo que podemos hacer ahí abajo. Ah, y feliz día de la Patria.

Argentina tiene un 48% m√°s de territorio soberano


Las plataformas continentales y sus límites externos, nuevas zonas de conflicto soberano mundial. Allí CONVEMAR, órgano de la ONU, nos acaba de dar 1.782 millones de km2 de nuevo territorio.

La CONVEMAR (Convenci√≥n de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, UNCLOS en gringo), am√©n de un muy buen trabajo cient√≠fico, legal y diplom√°tico de la COPLA (Comit√© sobre L√≠mites Externos de la Plataforma), un organismo de la Canciller√≠a, nos dieron soberan√≠a limitada al fondo sobre 1,782 millones de km2 cuadrados de corteza terrestre muy sumergida. Es el 48% de nuestra superficie seca, o el 35% si suma ‚Äúlas 200 millas desde la l√≠nea de base‚ÄĚ, de las cuales somos due√Īos desde los ‚Äô70.

Eso sí, los nuevos territorios empiezan a los 200 metros de profundidad y promedian los 4000, aunque hay zonas de 6000 y más. Por ahora, por esas zonas no da para desfile patriótico.

¬ŅQu√© hay por hacer ah√≠ tan abajo? ¬ŅQu√© podemos, qu√© podr√≠amos, qu√© nos dejar√°n, qu√© nos permitiremos? Son zonas casi inaccesibles. No tenemos fierros para explotarlas y mucho menos, defenderlas, como ser un portaaviones. ¬ŅNo lo empieza a extra√Īar un poco al ARA 25 de Mayo, viejo y menguado como era? ¬ŅY de submarinos c√≥mo venimos, con uno de los dos mejores que ten√≠amos, perdido, otros dos sobrevivientes que ya no navegan y dos m√°s en construcci√≥n parada desde los ‚Äô90? Cualquier estadista que Ud. tropiece utilizar√≠a esta noticia para revivir y ‚Äúcomplejizar‚ÄĚ nuestra industria naval, la estrictamente civil, la militar y la de uso dual. Como sea, todav√≠a de eso no habl√≥ nadie. Hag√°moslo nosotros, pues.

La noticia quiz√°s le resulte vieja o borrosa. Tiene raz√≥n: se dio en marzo de 2016, cuando est√°bamos demasiado afectados por la devaluaci√≥n de aquel momento como para registrarla, y menos a√ļn, pensarla. Veo su pesta√Īeo at√≥nito. No se eche culpas por haberla borrado de su memoria, compatriota. Esto apenas si salpic√≥ los medios y las mentes, y es dif√≠cil que lo haga hoy, tras otra devaluaci√≥n brutal. En un contexto pol√≠tico-econ√≥mico menos temible, tanto en lo nacional como en lo regional, ser√≠an buenas nuevas. Pero en el cuadro actual se mentaron inevitablemente poco y se evaporaron r√°pido. Sin embargo, son muy importantes.

Por este logro, la Dra. Frida Armas, coordinadora general de COPLA y su presidente, el vicecanciller Carlos Foradori, recibieron la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento, galardón máximo del Senado de la Nación.

Es un raro reconocimiento a algo a√ļn m√°s raro en nuestra historia: veinte a√Īos de agotadora continuidad de un elenco que incluye funcionarios de carrera del Ministerio de Econom√≠a, del Servicio Hidrogr√°fico Naval (SHN) de la Armada, y a un plantel fijo de geodestas, hidr√≥grafos, ge√≥logos, geof√≠sicos, cart√≥grafos, ocean√≥grafos, dise√Īadores de sistemas de informaci√≥n geogr√°fica, abogados y juristas en derecho internacional. Y ni hablar de oficiales, suboficiales y marineros de la Armada. Y de los convenios con muchos organismos y universidades p√ļblicas, que se mantuvieron a rajatabla, y no fue f√°cil.

Este reclamo la Argentina lo inició en 1997 y en 2001 estuvo a punto de perderlo por el colapso de su antiguo poder militar, la desinversión en ciencia, la indiferencia de los medios y no lo menos importante, debido a que alguien desvalijó a COPLA de sus fondos. Eran U$ 40 millones que incautó, seguramente para bien de la Argentina, cierto Ministro de Economía calvo y de grandes ojos celestes abocado entonces a un megavaciamiento bancario que hizo implotar el país.

Llevar adelante el reclamo de COPLA, inicialmente por ‚Äúapenas‚ÄĚ 1,5 millones de km2, no era barato: la Argentina carec√≠a de barcos de investigaci√≥n cuyos ecosondas tuvieran la potencia necesaria para escudri√Īar fondos a entre 3000 y 6000 metros. Contratar barcos ajenos aquel a√Īo sal√≠a U$ 700.000 s√≥lo el traerlos aqu√≠ desde la prospecci√≥n petrolera m√°s cercana. Generalmente los tienen contratistas de petroleras o de ‚Äútelcos‚ÄĚ que buscan el mejor fondo para el tendido de fibra √≥ptica submarina. Tambi√©n ‚Äďy con equipamiento m√°s complejo y diverso- hay barcos a√ļn mejores en los institutos oceanogr√°ficos de pa√≠ses como EEUU, Francia y Alemania, que se toman la ciencia marina en serio, porque es dinero y es poder.

Cantar propiedad sobre terrenos tan salados y remotos‚Ķ sale salado. En marzo de 1997 CONVEMAR -las Naciones Unidas a trav√©s de CONVEMAR- decidieron la posibilidad de reclamos soberanos ya no sobre las 200 millas desde la ‚Äúl√≠nea de base‚ÄĚ costera, sino incluso hasta las 350, si correspond√≠a. Pero las √ļltimas 150 millas la agencia las restringi√≥ s√≥lo al uso de fondos, sin soberan√≠a sobre la columna de agua, y aclar√≥ que las dar√≠a exclusivamente a los pa√≠ses que acreditaran con buenos estudios cient√≠ficos la tenencia potencial de recursos energ√©ticos, mineros y biol√≥gicos a pie de talud.

Fuimos beneficiarios indirectos. Esto ven√≠a impulsado por EEUU, Canad√° y Australia, pa√≠ses con grandes plataformas y mucho territorio para ganar. Los rusos, japoneses y chinos en cambio no ganaban mucho, por cuestiones de geomorfolog√≠a de pie de talud. Si ah√≠ hay sedimentos blandos gruesos acumulados en una lomada llamada ‚Äúemersi√≥n‚ÄĚ, el pa√≠s reclamante puede pedir las 350 millas completas. En escenarios sedimentarios menos gloriosos, el pedido puede restringirse a apenas 60 millas m√°s desde el pie del talud. Eso desat√≥ una demanda febril (y mundial) de barcos bien equipados y una pandemia de estudios de l√≠mites externos de plataformas.

Llov√≠a sopa y nosotros con tenedor. No √©ramos los √ļnicos apurados: el 13 de marzo de 2009 CONVEMAR dejaba de recibir reclamos. Lo que no hubieras fundamentado como tuyo antes de esa fecha, se volver√≠a ‚Äúpatrimonio de la Humanidad‚ÄĚ, lo administrar√≠a la International Seabed Authority (ISA), creada ad-hoc por la ONU, y si a futuro quer√≠as prospectar tales sitios por recursos, tendr√≠as que pedir permisos (caros). Alpiste.


Logotipo de la joven International Seabed Authority (ISA). Por fin una agencia internacional a la que al parecer no tendremos que pagarle un peso.

Y efectivamente, hoy si golpe√°s la puerta de la la ISA en Kingston, el n√ļmero 20 de Port Royal Street, Kingston, Jamaica, te van a dar un caf√© Blue Mountains que te har√° entender que has vivido en vano, van cobrarte un ojo por una concesi√≥n de 150.000 km2, van a extenderte una licencia transitoria de 15 a√Īos y darte un cat√°logo de recomendaciones ambientales, nada f√°ciles de respetar a profundidades de llanura abisal, y eso como para que la pienses 10 veces antes de lanzarte. Luego te van a decir ‚ÄúOjo con el ‚Äėbentos‚Äô, attenti a los clastratos, cuidame los holutorios, good luck, Bro!‚ÄĚ, espaldarazo y‚Ķ su ruta.

Mientras te vas con tu mapa de prospecci√≥n, algunas aclaraciones: el ‚Äúbentos‚ÄĚ no es un Volkswagen de alta gama ni la torre de d√≥lares que acab√°s de pagar, sino los organismos fijos del fondo, entre ellos esa clase de equinodermos llamados holutorios, sobrerrepresentados por los pepinos de mar. Cuando hayas averiguado para qu√© y c√≥mo, tambi√©n pod√©s explotarlos, seg√ļn la ISA, pero sin exterminarlos, ojo.

Sigo aclarando mientras oscurece en Kingston y vas por otro Blue Mountains. Los clastratos no son se√Īores emasculados en su ni√Īez para cantar con voz de soprano o mezzo el resto de su vida, como sugiere su nombre. Por el contrario, son c√ļmulos abisales de metano congelado. Si encontr√°s el modo de traerlos encapsulados a la superficie para quemarlo, pero sin que burbujeen y se dispersen en la atm√≥sfera (eso agravar√≠a el calentamiento global), te espera un Nobel, fija.

Los pepinos de mar por ahora no nos sirven de un √≠dem, pero eso porque la ciencia tiene menos curr√≠culum abisal que f√≥bal la revista ‚ÄúPara Ti‚ÄĚ. No descartes que est√©n llenos de soluciones en busca de problemas m√©dicos o de tecnolog√≠a de materiales. Tampoco descartes que no. Sospech√° libremente que si son tan frecuentes en el extra√Īo ecosistema abisal, alguna funci√≥n cumplen en la qu√≠mica global del mar. No te olvides de que esas llanuras barrosas de las que ahora tenemos ideas muy vagas son el paisaje m√°s frecuente del planeta: cubren el 50% del mismo. Conocemos m√°s la Luna, en comparaci√≥n.

Los hidrocarburos y metales valiosos y/o raros presentados como n√≥dulos o como costras (con bastante cobre, cobalto, la familia qu√≠mica del platino) parecen, por ahora, el premio gordo de los fondos. Son cosas que ranquean en los mercados de commodities. Pero el petr√≥leo o la miner√≠a tan profundos todav√≠a no son competitivos con su extracci√≥n terrestre u ‚Äúoff-shore‚ÄĚ en las mucho m√°s someras plataformas continentales, o en los taludes de las mismas.

Pese a ello, la ISA ya expidió 15 licencias, por la mayor parte de minería de nódulos de manganeso en la zona abisal Clayton-Clipperton, que va desde el límite externo del reclamo mexicano sobre fondos del Pacífico hasta las inmediaciones de las islas Hawaii. Es que entre los países que se toman en serio sus intereses marítimos, hay estrategas que ya tratan de afilar la tecnología porque anticipan décadas las jugadas de los mercados, donde ganarán plata gracias al pelotón de giles que corren tras la pelota. Cuando el Mingo dejó sin plata a COPLA, nos puso en un tercer grupo: los que no juegan.

Salir de ese exili√≥ cost√≥ aproximadamente 1 mill√≥n de horas/hombre de trabajo argento experto. El asunto, estimad@s, es que ganamos. Nos dieron m√°s de lo que reclam√°bamos. Sin abstenciones ¬ŅY ahora qu√© hacemos?

 

 


Autor: Rodolfo Cerminara
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